Historia de un niño

Me gustaría comenzar el año con la historia de un niño, un niño que conocí personalmente muchos años atrás. Su historia puede resultar triste, conmovedora, una batalla constante… es la historia de un niño en concreto, pero también es la historia de cualquier otro niño de cualquier pueblo, ciudad, de cualquier país…

Este niño era como cualquier otro niño, la única diferencia es que contaba con menos medios… pero se sentía muy feliz con lo que tenía. Jugaba con los otros niños y niñas en el colegio, casi siempre era el último que escogían para el partido de fútbol y esto a veces, le hacía sentirse inferior, aunque con el tiempo, logró encajar en un grupo de compañeros… y era responsable, siempre hacía los deberes, sacaba buenas notas… al menos al principio, pero en algún momento de su vida: todo cambió.

No es que hubiese perdido el interés por los estudios, pero lo cierto es que su rendimiento bajó demasiado. Solo pensaba en estar en la calle con sus amigos porque era el lugar donde se sentía libre, donde no se sentía inferior, pequeño, inútil… estaba harto de las cosas tan desagradables que su padre a menudo le decía, y aunque en la calle no escuchaba ciertas cosas que le hacían daño, mucho daño… al volver a casa, sabía lo que le esperaba.

Llegó el día de dejar el colegio y pasar al instituto, ese era el paso lógico, el paso que iban a dar todos sus compañeros, todos excepto él. El ambiente hostil que se respiraba en aquel infierno llamado hogar le hizo tomar una decisión y esa decisión le alejaba de sus compañeros, del camino del aprendizaje… Cansado de tantas recriminaciones, de tantos insultos, de contar con lo mínimo, empezó a trabajar a una temprana edad con todos los problemas que ello conlleva. Cada puerta que llamaba se la cerraban por no ser mayor de edad, no tener experiencia… ¿que experiencia iba a tener si tan sólo era un adolescente? Tan sólo necesitaba el dinero para ayudar en casa lo que pudiera, y tal vez, algún día escapar de aquella pesadilla, ser feliz…

Finalmente consiguió un trabajo, sin contrato, sin seguro, un trabajo de futuro incierto, pero un trabajo después de todo. El error fue pensar que, al llevar algo de dinero a casa, las cosas mejorarían… pero no, fueron a peor.

“Me paso toda la semana trabajando, también quiero divertirme” se decía a menudo. Cada día se levantaba para ir a trabajar y cada fin de semana, se emborrachaba… quizás buscando una salida, una vía de escape… pero alejándose cada vez más del niño que un día fue. Aquel  niño había desaparecido, ya no jugaba siquiera, había perdido la ilusión hasta por el deporte… tal vez, aquel niño jugaba en algún remoto lugar de su alma,  pero completamente solo, olvidado, apartado…

Hasta que un día, se sorprendió a sí mismo cuando hablándole a su alma, se dio cuenta de que en realidad, estaba hablando con aquel niño que había dejado atrás, aquel niño dejó de jugar con sus juguetes mientras miraba al hombre que le hablaba, alguna lágrima se le escapaba al ver al hombre llorar mientras le hacía la promesa más importante de toda su vida:

“Si algún día tengo un hijo, jamás permitiré que le ocurra lo que me pasó a mi. Mi hijo estudiará, irá al instituto y a la universidad. Le animaré a que siga con sus estudios, acudiré a verle en sus actividades extra-escolares, le apoyaré en cada decisión que tome, me tomaré mi tiempo para estar con él, intentaré estar siempre disponible,  le ayudaré siempre, respetaré sus ideas y sus decisiones, haré todo lo que mi padre no ha hecho nunca por mi ni conmigo y si tengo una hija, haré exactamente lo mismo, le daré lo mejor, en todos los sentidos… para que cuando me vaya de este mundo, tengan un buen recuerdo de mi”

Mientras el hombre decía estas palabras, el niño le observaba y le escuchaba con mucha atención, las lágrimas resbalaban por las mejillas de ambos y cuando el hombre terminó de hablar, el niño le respondió:

“Sé que lo harás, porque así no sólo me salvarás a mi, sino que también te salvarás a ti mismo”

Casarse, formar una familia, tener un hijo o una hija… o ambos… era un sueño, un sueño que nunca se haría realidad, pero algo más grande estaba en camino.

El hombre comenzó a trabajar por y con las personas, por las familias pobres o con pocos recursos, pensando en aquellos niños que no disponen de los medios mínimos para vivir una vida digna, por las mujeres víctimas de violencia de género, por las personas que no tienen un hogar, comenzó a trabajar por la justicia, la solidaridad, la igualdad, la dignidad, la libertad… por la sonrisa de los niños y niñas, por un futuro mejor para todos y para todas.

Llegamos casi al final de la historia, y aunque el niño se ha convertido en un hombre, el niño sigue ahí, está conectado al hombre, sigue jugando en algún lugar de su alma pero ahora juega en una sala iluminada, sin rencor, sin dolor, sin sufrimiento… incluso algunas veces, el hombre baja a jugar con el niño, en cambio otras, es el niño el que sube y argumenta y debate con el hombre dándole un segundo punto de vista, comparten ideas, pensamientos… juegan juntos, trabajan juntos, sueñan juntos…

Continuemos trabajando para que esta historia no se repita, para que esto no le pase nunca a nadie… hay muchos niños ahí fuera que no cuentan con los medios necesarios para vivir, que se sienten obligados a dejar de estudiar, que pronto dejan de jugar, dejan de soñar, dejan de vivir como niños demasiado pronto… trabajemos para que los niños puedan seguir siendo niños.

 

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